La Guía del Sedentario Galáctico

Porque lo de Resurgiendo ya estaba demasiado visto

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Dormir como un bendito

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A veces, no puedes dormir. Te tiras en la cama, y empiezas a pensar en el día que has llevado, o en el día que esperas llevar mañana, o en el ruido que están armando los vecinos, o en el último capítulo de Perdidos a ver si eres capaz de descifrarlo.

Unas veces, no te importa en absoluto. Al día siguiente no te tienes que levantar, y qué demonios… si no duermes ahora, ya dormirás mañana. Sin embargo, otras veces… otras veces tienes que levantarte a las 7 para ir al trabajo, o a clase, o a acosar a la vecina antes de que se vaya a sus labores, quién sabe. Y entonces es cuando te pones aún más nervioso, y ya no duermes.

Pero aquí vengo yo, con una solución bajo el brazo, para todos vosotros, insomnes perennes. Una solución legendaria, de la que yo mismo doy fe de su probada eficacia. No importa si estás nervioso, cafeinado, o incluso hasta las trancas de Redbull. Si me haces caso, en quince minutos estarás con los ojos cerrados, y roncando como si no hubiera un mañana.

Coge el coche, el metro, o directamente ve andando. Dirígete a la librería más cercana – sí, todavía hay algunas abiertas – porque hoy vas a comprar un libro. Sí, un libro. No sé si sabes lo que es. Es una especie de ladrillo lleno de hojas, cubiertas en esotéricos símbolos llamados letras. Acércate al dependiente y pídele “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera. Vuelve a tu casa. Túmbate en la cama, ponte cómodo, y empieza a leer. En menos de lo que se tarda en decir “superfragilísticoespialidoso” estarás soñando con los angelitos.

Ni dormidinas, ni triptófanos, ni siquiera cloroformo. Tú lo que necesitas, es Milan Kundera.

P.D.: Este post va dedicado a dos buenos amigos. A Dry por descubrirnos el libro y a Isra por tardar un jodido año en leérselo.

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Written by stygyan

abril 1, 2010 at 10:36 pm

Publicado en Literatura

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Insomne

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No es el primer día. Y no creo que sea el último, tampoco.

Llevo varios días incapaz de dormir correctamente. No importa lo cansado que esté cuando llegue a casa, que haya dormido siesta o no, que tenga preocupaciones o no las tenga. Me tiro en la cama a intentar dormir, con algo de musiquita suave(1), y lo consigo. Eso sí, durante una hora y media a lo sumo.

Luego me despierto y empiezo a dar vueltas por la cama. A veces me conecto de nuevo a Internet – las ventajas (o desventajas) de tener un portátil relativamente a mano -, a veces enciendo la luz y dibujo un poco, o empiezo a desvariar sobre los temas más extraños que puedas imaginar(2).

Por lo normal esto no me afecta mucho, para qué engañarnos. Estando en paro como me encuentro ahora mismo, mis horarios son un tanto erráticos, y da igual que me levante a las diez que a las doce(3). Lo malo es cuando tienes que madrugar por causas de fuerza mayor.

sleepy_dog

Envidia te tengo, mamón.

Mañana, sin embargo, empiezo el día tempranito, a eso de las 7 y media. Y por lo que veo en mi apretada agenda(4), no voy a parar en casa en todo el día. Y hoy tampoco es que me parara mucho, la verdad. La pregunta es… ¿dormiré mañana? Esperemos.

(1) Hoy he puesto el Magica de Dio. Sí, para mí ese disco entra dentro de lo que es música suave. Soy así de raro.

(2) Si hay algo que me gusta de estar en duermevela, es la inmensa facilidad con la que mi cerebro encadena temas. Lo mejor de todo es que cuando me despierto, recuerdo la secuencia de temas encadenados, pero ahí despierto ya pierden todo el sentido posible.

(3) Por los huevos. Llámalo reloj biológico, llámalo masoquismo, a las nueve estoy despierto. No falla.

(4) Puedo dar un poco de asco, lo sé.

Written by stygyan

octubre 8, 2009 at 4:01 am

Publicado en Miscelánea

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